“Hay efervescencia de producción guatemalteca”

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Por: José Fuentes

Entre un acueducto de piedra arcaico y el paso a desnivel más transitado de la ciudad de Guatemala, encontramos la oficina de Ana Carlos. Su nombre, siendo sinónimo de producción audiovisual, no postula en la entrada de su modesta empresa. Detrás de negocios de electrodomésticos y dos salones de belleza/spa, en el segundo piso de lo que seguramente fue un complejo de apartamentos hogareños, se encuentra Caminos del asombro. La casa productora ha visto el nacimiento de decenas cortometrajes, varios de ellos premiados a nivel internacional, y dos programas de televisión abierta con audiencias llegando a las siete cifras, pero de observarse en un recorrido casual por la segunda avenida de la zona 10 sería fácil ignorar su existencia.

Sin embargo, al poner un pié en su oficina, la magnitud de quien es Ana Carlos y lo que hace es evidente hasta para el más distraído de los peatones. Ella, vestida con camiseta y pantalones cargo, es en si una sola muestra de su trabajo. Su cabellera larga, rubia, crespa y alborotada sería suficiente para deducir una vocación artística recorriendo sus venas; pero aún sin su presencia, las paredes cuentan la historia por ella. Una imagen  demográfica de la Republica guatemalteca, armado de varios mapas de distintas épocas viste el entorno, junto con fotografías de los empleados con reconocidas celebridades nacionales como Malacates Trébol Shop y Fabiola Rodas.

La cacería de brujas audiovisuales

Ante una sociedad crítica de propuestas creativas, la calma de Ana Carlos frente a una entrevista de un futuro comunicador, con ansias de extrapolar su esencia y plasmarla en un papel, es asombrosa. El ataque más común hacia quienes presentan productos audiovisuales en Guatemala es la poca variedad temática; sexo, violencia, VIH/SIDA, conflicto armado y Maras merman la mayoría de cinematografía y televisión. Ante ello, Carlos responde como si ha estado pensando en esa pregunta por algún tiempo: “El cine es un espejo de la sociedad en la que se hace. Nosotros vivimos  en una sociedad violenta, ese es el  mundo donde crece la juventud guatemalteca. Si pensamos en el dicho ‘todo artista es el reflejo de su sociedad’ no podemos esperar algo distinto de nuestros artistas”. Su punto lo remarca con calma mientras toma sorbos de su café. Le agrega a su respuesta dos pregunta interesante ¿cuántas películas de guerra de Vietnam se hacen en los estados unidos al año? o ¿qué tal obras por directores judíos, honorando el sufriemiento de su pueblo durante el holocausto?

La juventud de Ana Carlos, al igual que la de cientos de adolescentes actualmente, estuvo fue reflejo de su realidad nacional: “En mi momento viví la violencia pero solapada. La temática era reprimida en los medios, se callaba; si se documentaba la realidad se desaparecía al documentalista.” El conflicto armado representó un tiempo difícil para los artistas, enviándose varios al exilio por mandato o presión. Al respecto la directora recuerda: “Aunque todos mencionan la censura de prensa y cine, nadie comenta como los artistas de teatro fueron una generación entera que debió escabullirse; la repercusiones de lo cual todavía se viven hasta hoy.”

Según Carlos, los actores de teatro y cine ahora están intentando recobrar su relevancia después de tal devastación, ella lo ejemplifica con la sociedad de favores: “a favores se mueve la industria. No se le paga al artistas al estar ‘ayudandolo’ a fobiarse y conocer el medio, aún cuando llevan décadas de experiencia,” enfatiza con sarcasmo seco.

Tiempos actuales y por venir

Cambiar una sociedad así de rígida toma un enorme esfuerzo de parte de sus habitantes, la empresa y la identidad nacional. “Hay que monetizar lo creativo, los empresarios deben apostar por le cine, pautar en los programas de televisión; es, en general, confiar en la producción nacional. Al comprar enlatados se cierra el panorama a lo nuestro, aún cuando la gente  le gusta el producto nacional, yo he sido testigo de ello,” dice la actual directora de Entremole a Guate y El sabor de mi tierra, con una audiencia superior al millón y medio de televidentes según ejecutivos de canales tres, siete, once y trece.

Por otro lado, el cambio del que habla Ana Carlos no puede ser instantáneo, es un proceso, “el destape en España tuvo un estallido de cinematografía, enfatizando el sexo, lo cual impulsó el propuestas de temas usualmente acallados. En Guatemala, la iglesia católica mantuvo un fiero control sobre la temática del imaginario creativo; ahora con mayor libertad, lo prohibido es lo que le interesa a los jóvenes y han motivado tendencias en la actualidad.”  De mencionar algunos esfuerzos, ella menciona: Casa Comal con sus producciones sociales, el éxito de Julio Hernández, lo documentales de la Universidad San Carlos y esfuerzos esporádicos por aficionados del cine con una cámara casera le dan nueva vida a los audiovisuales. Son muestra fidedigna de la apertura actual y el poco miedo existente por abordar el séptimo arte.

“Desde el cambio del siglo hay más estimulo para los productores audiovisuales, se empieza a hacer largometrajes cinematográficos, talleres audiovisuales, interesados salen a estudiar cine a otros países y la televisión empiezan a salir de su cascarrón.” Ana Carlos se refiere a la aparición de la competencia por cable de lo que era un mercado acaparrado por televisión abierta. En las palabras de la directora, cada canal cumple una función y satisfacen intereses: Guatevisión es comercial, Canal antigua incursiona en programas con seriedad para jóvenes y la televisión por aire tiene Entremole a guate y El sabor de mi tierra, son dos producciones gigantes.

“Hay efervescencia de producción Guatemalteca, jóvenes que realizan películas y canales donde se siente un aire de cambio,” lastimosamente, ante tanto progreso aún existen sustanciales deficiencias. Según Carlos, la falta de una industria de producción cinematográfica “per se no permite a la gente quien invirtió en su educación, pasando 5 años en aulas de comunicación, tener un lugar donde regresar a trabajar en Guatemala. Lo ideal sería crear empresas de producción de cine, acoger a los cineastas, sonidistas y músicos como parte valorada y remunerada por su representación de la sociedad. En Caminos del asombro ofrecemos una estructura establecida y la oportunidad de trabajar con una empresa puramente nacional, aceptando la ideas frescas de la juventud.”

La empresa y sueños de Ana Carlos

Caminos del asombro pronto llegará a la década de existencia, con triunfos reconocidos por críticos y audiencias por igual. Por otro lado, opiniones negativas también se han presentado “el problema con la era contemporánea ha sido que todos pueden clasificar, pueden abrir la boca y afectar el desempeño del director,” comenta Carlos. Según su experiencia, escucharse a si misma ha sido la mayor fuente de absorber las críticas negativas “no tengo que explicar mi vida, mis videos, mi forma de vestir, ni mucho menos que hago, es mi percepción de la realidad, no la tuya; por eso mantengo firmemente, no creo ni creeré en la objetividad.” El mejor reflejo de ello ha sido su incursión en temática del realismo mágico.

En Urraga y Rio Hondo, dos obras de una serie realizada por Caminos del asombro sobre distintas culturas en Guatemala, explora historias imposibles para conocidas en sus personajes y emociones. La inspiración para ello se extrapola de “venir de una familia de sueños, en la cual crecí negando la realidad de lo tangible y utilizar lo percibido. En ese sentido lo real y lo imaginario son lo mismo. Lo que hago es entender el mundo de mi manera, yo lo entiendo y con eso basta.” La manipulación del creador audiovisual, de acuerdo con la dueña de Caminos del asombro, está siempre presente; es fuente de inspiración y reflexión constante.

Para conseguir solidificar las ideas y convertirlas en producciones físicas, Ana Carlos intenta mantener un año entre cada proyecto audiovisual “el que hacer diario te consume e impide indagar más en ideas que te gustaría transmitir, pero, de tener oportunidad, es bueno alejarse y desmenuzar los guiones”, admite la directora. Su parte favorita de las producciones es hacer scouting, viajar a locaciones y visualizar las ideas en donde podrían desarrollarse: “el mar, o el agua en general, es un escenario interesante, es eterno, ayuda a sacar a flor todo lo reprimido por la tensión de la ciudad contemporánea.”

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